Buscar este blog

viernes, 1 de abril de 2016

SISTEMAS DE DETECCIÓN DE HUMO POR ASPIRACIÓN

Descripción

Los sistemas de detección por aspiración se basan en el análisis del aire aspirado de la zona protegida mediante una red de tuberías. 

Estos sistemas son ideales para la protección de lugares donde los detectores puntuales son de difícil instalación, acceso o mantenimiento, como en interiores de máquinas, cuadros eléctricos, suelos técnicos, almacenes paletizados, cámaras frigoríficas, atrios y también en instalaciones en las que, debido a su complejidad o valor histórico, no permiten la instalación de detectores puntuales. 

Los sistemas de aspiración incorporan sensores láser de alta sensibilidad y un potente software de control que permite ajustar, desde la central y/o desde el propio equipo los valores de sensibilidad, por lo que son idóneos para la detección de humo en áreas donde se requiere una sensibilidad muy alta (salas limpias, centros de procesos de datos o salas de conmutación), en las que los sistemas de ventilación, ante un incendio, producen dilución del humo. 

En este tipo de instalaciones, los sensores convencionales de tecnología iónica u óptica no tienen una respuesta adecuada ya que ofrecen un nivel de detección muy por debajo de lo necesario. Existen soluciones técnicas que permiten adecuar el sistema de aspiración a cualquier tipo de ambiente: cámaras frigoríficas, ambientes húmedos y con partículas de polvo o suciedad en suspensión, etc. Conforme a la norma EN54-20.

Fuente: http://www.notifier.es/index.php/productos/equipos-especiales/item/sistemas-de-deteccion-de-humo-por-aspiracion

jueves, 31 de marzo de 2016

Estrés laboral en trabajadores de atención a la salud: el síndrome de burnout

Los síndromes de estrés son aquellos conjuntos de síntomas psiquiátricos en los que la defensa o adaptación a exigencias externas desempeñan un papel etiopatogénico determinante y específico, provocando el fracaso del individuo en su intento de buscar un ajuste con la realidad para adaptarse al entorno y para tener control sobre sí mismo, sobre el mundo que le rodea y sobre su futuro inmediato.
Entre los síndromes de estrés crónicos se encuentran el de burnout y los de acoso, existiendo entre los factores de estrés en el personal de atención a la salud algunos intrínsecos como el contacto continuado con el dolor físico, la muerte, el miedo y la angustia, la masificación de la actividad sanitaria, la ansiedad por la existencia de lagunas, la insuficiencia en la formación y la incertidumbre en la relación sanitario-paciente.
Otros factores extrínsecos son las condiciones del entorno físico laboral, la organización del trabajo, el exceso de competitividad entre los profesionales y la insuficiencia de recursos. Más específicos serían, por una parte, en el propio individuo, fundamentalmente el predominio de la orientación humanitaria que produce candidatos al desencanto por una importante carga de idealismo, y la rutina en el trabajo diario, así como la falta de reconocimiento a los esfuerzos del personal de enfermería.
Por otro lado, encontramos factores específicos en diversas situaciones: ansiedades (Psiquiatría), muerte (Cuidados Intensivos), incertidumbre (Atención Primaria, Urgencias, etc.).
133_Estres laboral
Como consecuencia de los factores que inciden en el sector sanitario, las presiones asistenciales y emocionales, las continuas reestructuraciones y las tensiones entre los profesionales y entre los niveles de organización, llevan a que el burnout esté frecuentemente presente en los centros asistenciales.
Estrategia de acoso laboral
En un estudio propio (Domínguez, 2004) hasta el 43,2% de las enfermeras del Hospital del Instituto Nacional de Gestión Sanitaria en Ceuta especificaban haber sufrido alguna estrategia de acoso laboral. Nada sorprendente si ya en las Terceras Jornadas Andaluzas de Prevención de Riesgos Laborales en Hospitales y Distritos de Atención Primaria (celebradas en Sevilla el 4 y 5 marzo de 1999), en la “Encuesta sobre condiciones de trabajo en un Hospital Comarcal. Opinión trabajadores” sobre un total de 147 encuestas se citan como factores de riesgo psicosocial por los trabajadores los conflictos laborales en un 77,8%, la ambigüedad de las funciones en un 65,4%, el control del trabajo en un 30%, la carga cuantitativa de trabajo en un 79,4%, la carga cualitativa de trabajo en un 44,4%, la infrautilización de sus capacidades en un 70% y la turnicidad en un 64%, sintiéndose  estresados en un 72,5% de los casos y no percibiendo satisfacción en el trabajo nunca en un 38%, y solo ocasionalmente en un 12%. Las perspectivas profesionales fueron vistas como malas en un 41%, y regulares en un 46%, opinando que existía ausencia de objetivos definidos en un 77% de los encuestados.  El canal de información habitual fue el informal (67%) o ninguno (17%), siendo el canal oficial el resto (16%). El sentimiento de desmotivación fue referido por el 71% de los trabajadores.
Para Pines y Aronson (1988), el burnout no se restringe a profesionales de ayuda, sino que se produce en la involucración crónica en el trabajo en situaciones emocionales que son demandantes. Gil-Monte y Peiró (1997) lo definen como una respuesta al estrés laboral crónico integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional así como por la vivencia derivada de encontrarse emocionalmente agotado.
MBI
Respecto a la evaluación del burnout el instrumento que utilizamos habitualmente es el Maslach Burnout Inventory (MBI) de Maslach y Jackson (1986), sin duda el más empleado entre los investigadores, integrado por 22 ítem en forma de afirmaciones sobre los sentimientos y actitudes del profesional en su trabajo y hacia los clientes o pacientes, valorando las tres dimensiones propuestas por las autoras del constructo: agotamiento emocional, despersonalización afectiva y baja realización personal en el trabajo.
En España, Moreno, Rodríguez y Escobar (1991) realizaron un estudio de validez sobre 235 sujetos señalando que la escala de despersonalización tenía una escasa representación.
En 200 trabajadores de atención a la salud aleatoriamente seleccionados, la prevalencia del síndrome de burnout fue de un 17,1
Gil-Monte y Peiró (1998, 2000), sobre una muestra de 559 profesionales de diferentes ocupaciones, realizaron un análisis factorial mostrando una adecuada validez y fiabilidad de la versión adaptada al castellano. Se ha aplicado incluso al ámbito deportivo por Garcés et al. (1995) sobre una muestra de 256 deportistas. Actualmente existen tres versiones del MBI. Gil-Monte (2002) también lo aplicó a policías.
Existen otros instrumentos para la medida del desgaste profesional.
Personal de enfermería
También ha sido estudiado el burnout en muy diversas poblaciones. En personal de enfermería, una actividad muy expuesta al estrés laboral respecto a otras profesiones, se ha asociado al burnout por un discreto reconocimiento social en un trabajo sujeto a la presión del tiempo con falta de autonomía y con el uso de nuevas tecnologías de rápida obsolescencia en todo el ámbito del sector sanitario, con relaciones muy habitualmente conflictivas en los equipos de trabajo, y con la existencia de un importante espacio de tiempo en el que han de “convivir” con sus pacientes y familiares en contacto continuo con el sufrimiento y la muerte (Chacón, M. y Grau, J., 1997). Gil Monte PR., (2002, 2008) y Rincón, F. (2005) citan áreas específicas como urgencias, terapias intensivas y cuidados coronarios, que han sido denominadas como críticas por sus fuertes demandas de atención para los profesionales, atención inmediata y continua y alto grado de eficiencia.
El nivel de prevalencia que se cita en diferentes estudios cifra la frecuencia del síndrome de burnout en enfermeras entre un 20 y 40 % por encima de grupos como profesores y policías, y dependiendo de los estudios, por debajo del porcentaje detectado en médicos y estudiantes de enfermería (Adali y col., 2003; y Aiken y col., 2002). 
En nuestro estudio, en 200 trabajadores de atención a la salud aleatoriamente seleccionados, la prevalencia del síndrome de burnout fue de un 17,1%, siendo en enfermería del 18%, superándose las medias aritméticas de las cifras de corte elevadas solamente en agotamiento emocional en personal subalterno y en despersonalización afectiva en médicos, personal de oficios y personal subalterno.
Variables personales
Entre las variables personales que se han estudiado respecto al síndrome de burnout están el sexo, la edad, el estado civil, la antigüedad en el trabajo, diversas características de personalidad y psicopatologías y estrategias de afrontamiento.
La edad se ha señalado como mayor nivel de burnout entre los 40 y 45 años (Muñoz et al., 2001), mientras que en otros estudios se precisa que dicho fenómeno se produce en torno a los 44 años (Atance, 1997). En general, se presume que a mayor edad disminuiría la tensión laboral con lo que el grado de burnout sería menor (De la Fuente et al., 1994), salvo en el agotamiento emocional que se ha relacionado positivamente con la edad (Tello et al., 2002).
Por lo que se refiere al estado civil tampoco los datos son uniformes: Tello et al. (2002) refiere a los casados como más propensos a padecer burnout. Atance (1997) señala a separados y divorciados en relación a la baja realización persona.
En cuanto a la antigüedad en el trabajo, Olmedo et al., 2001, la identifican como factor de riesgo para padecer desgaste profesional y Atance (1997) lo sitúa entre los 5 y 10 años para el momento de más frecuente aparición.
En nuestro estudio, respecto al sexo no hemos obtenido diferencias significativas para el desgaste profesional respecto al género.
De la Fuente et al. (1994) y Gil-Monte (2002) concluyen que los hombres puntúan significativamente más alto que las mujeres en despersonalización afectiva.
Mientras que en otros estudios las mujeres son las que obtienen mayores puntuaciones en los instrumentos de medida (Atance, 1997), los hombres puntúan en otros estudios como más quemados por su labor (Lozano y Montalbán, 1999; Muñoz et al., 2001). Parkes (1998) menciona al género como una simple variable moderadora más que efectora.
Respecto al centro de trabajo diversos autores (Ballinas-Aguilar, 2009) no encuentran diferencias sobre la presencia del síndrome entre enfermeras de áreas críticas, siendo incluso la proporción de personas que lo presentan discretamente mayor en las áreas no críticas (en nuestro caso, es el hospital, respecto a otros centros de atención primaria o de urgencias extrahospitalarias).
En cuanto a la turnicidad, aun cuando en nuestro estudio no hemos identificado relación alguna entre aquella  y el desgaste laboral, Ballinas-Aguilar y col. (2009) en enfermeras hospitalarias en México encuentran diferencias solo para el turno vespertino.
Torrado et al. (1996) refieren un mayor número de quejas físicas y Aluja (1997) refiere morbilidad como ansiedad y depresión.
Asimismo se indican variables predisponentes en relación al estrés laboral como locus de control y conducta tipo A en estos contextos ocupacionales (Gil-Monte y Peiró, 1997, 1998; Narayanan, Menon y Spector, 1999; Parkes, 1984).
Rasgos de personalidad como baja estabilidad emocional, autoconfianza, personalidad resistente, tensión y ansiedad también se citan (Cebriá et al., 2001; Zellars, Perrewe y Hochwarter, 2000).
Variables de tipo “organizacional”
Variables de tipo “organizacional”, como el clima y el bienestar laboral, el grado de autonomía, la ejecución en el trabajo, el apoyo social, la ambigüedad de rol y la falta de reciprocidad se han estudiado. En particular el satisfactorio clima laboral, el bienestar y la satisfacción en el trabajo hacen que sea menor el estrés que los sujetos perciben. Igualmente el grado de autonomía o independencia que los profesionales pueden sentir en su puesto de trabajo, puede ser considerado como un antecedente en determinadas profesiones como la enfermería.
El nivel de prevalencia que se cita en estudios cifra la frecuencia del síndrome de burnout en enfermeras entre un 20 y 40 % por encima de grupos como profesores y policías
También la ambigüedad de rol, en relación con la incertidumbre entre las exigencias de la propia tarea y los métodos con los que debe ser ejecutada, parece favorecer el desarrollo de burnout (Gil-Monte y Peiró, 1998; Lozano y Montalbán, 1999; Moreno y Peñacoba, 1996) en profesiones como la medicina y la enfermería. Gil-Monte (2001) refiere también que la falta de reciprocidad de rol, en el sentido de que ni los pacientes ni la organización les recompensan, puede desgastarles en su trabajo. De la misma manera, el posible apoyo social podría amortiguar parte de las consecuencias del estrés y el número de horas de trabajo, de los tipos de contrato y de servicio, de los contratos eventuales o cambiantes y de los servicios con impacto emocional elevado como oncología infantil, cuidados paliativos o hematología (Gil-Monte y Peiró, 1997).
Personalidad
Turnipseed (1994) investigó la relación entre el burnout y el ambiente de trabajo identificando la influencia de variables psicosociales (cohesión entre los compañeros, estructura de la organización, comunicación y presión en el trabajo) que contribuirían al síndrome de estar quemado. Sin embargo, no hemos encontrado en la bibliografía la medición simultánea de los factores de la personalidad estudiados (extraversión-introversión, neuroticismo-paranoidismo, control-descontrol y sinceridad), del autoconcepto (social, familiar, laboral y emocional) y de la adaptación de conducta (personal, familiar, laboral y social) como elementos directamente predictores del estrés laboral, con respecto al síndrome de desgaste profesional y al acoso laboral, lo que realizamos mediante instrumentos reiteradamente validados.
Fuente: http://www.seguridad-laboral.es/prevencion/riesgo-psicosociales/estres-laboral-en-trabajadores-de-atencion-a-la-salud-el-sindrome-de-burnout

miércoles, 30 de marzo de 2016

miércoles, 23 de marzo de 2016

ROPA DE ALTA VISIBILIDAD: CARACTERISTICAS Y NORMATIVA





La ropa de protección de alta visibilidad está destinada a señalizar visualmente la presencia del usuario de la prenda mediante el aumento de su visibilidad por parte de un tercero, ya sea bajo la luz del Sol o bajo la luz de los faros de un automóvil u otro tipo de vehículo. 

Para aumentar la visibilidad del usuario, la prenda hace uso de una serie de materiales: 
  • Material fluorescente o material de fondo: absorben la radiación ultravioleta (del Sol) y emiten radiación visible (luz que el ojo humano puede ver). Este tipo de material es el encargado de aumentar la visibilidad del usuario durante el día. El color del material de fondo está normalizado y debiendo ajustarse a una de estas tres opciones: amarillo fluorescente, rojo-anaranjado fluorescente o rojo fluorescente.
  • Material retroreflectante: un material retrorreflectante es un material que refleja la luz incidente, cualquiera que sea su ángulo de incidencia, de vuelta hacia la fuente. Este material es el responsable del aumento de la visibilidad cuando la única luz existente proviene de los faros de vehículos.
  • Material combinado: material que tiene propiedades fluorescentes y retroreflectantes. 

Normativa aplicable

La norma europea armonizada que describe los requisitos que debe cumplir la ropa de alta visibilidad para uso profesional es la EN ISO 20471:2013. 
NOTA – Si bien existe la norma para ropas de visibilidad para uso no profesional (EN 1150:1999), en este catálogo nos centraremos únicamente en las ropas de alta visibilidad para uso profesional. 

Selección


La ropa de alta visibilidad según la norma EN ISO 20471:2013, se clasifica en tres clases según la superficie mínima del material visible (material de fondo (fluorescente), material retrorreflectante o material combinado) en la prenda: 
Superficies mínimas exigidas para el material visible (m2) 

Clase 3Clase 2Clase 1
Material de fondo0,800,500,14
Material retrorreflectante0,200,130,10
Material combinado--0,20
A mayor clase, mayor nivel de protección. La superficie del material de fondo exigido deberá repartirse proporcionalmente al 50% entre la parte delantera y trasera de la prenda.
El material de fondo y las bandas retrorreflectantes deben rodear el torso y las mangas y perneras, en caso de que las hubiese.
Para seleccionar la clase de la prenda se deben tener en cuenta factores como:
  • Tipo de vehículos que pueden producir un atropello, volumen y velocidad del tráfico, condiciones ambientales, duración de la exposición, etc.
  • Tipo y clase de prenda en función de la parte del cuerpo a cubrir, factor de reconocimiento, etc.
  • Compatibilidad con otro equipos.
A modo de de ejemplos orientativos, a continuación se citan algunas aplicaciones para las distintas clases de prendas de alta visibilidad: 
  • Clase 1: se usan en actividades que permitan al usuario ser visto completamente y sin duda por los vehículos que se aproximan. Debe haber una separación suficiente entre el trabajador y el tráfico y éste no debe circular a velocidades superiores a 40 Km/h.
  • Clase 2: su uso se aplica en situaciones donde es necesaria una mayor visibilidad en condiciones de mal tiempo o en situaciones donde los trabajadores realizan tareas que distraen su atención del tráfico que se aproxima o les sitúa muy cerca del tráfico en que los vehículos circulan a velocidades superiores a 40 Km/h.
  • Clase 3: Se utilizan por personal expuestos a gran peligro y que realizan tareas de alta carga de trabajo y en situaciones de malas condiciones climáticas y tráfico a velocidades superiores a 80 Km/h. Estas prendas deberían proporcionar aumento de la visibilidad a la mayoría del cuerpo, como brazos y piernas. 
Fuente: 
http://www.asepal.es/frontend/asepal/seccion.php?id_seccion=201


jueves, 17 de marzo de 2016

19 de Marzo: Día del Padre


Ya queda muy poquito para el día del Padre, ya sabéis que regalarle? Echar un vistazo a nuestro precioso escaparate que tiene varias ideas: delantales para los aitas cocinillas, polares para que no pasen frío, zuecos de colores para que estén cómodos en casa, en el trabajo ó en las vacaciones de Semana Santa que están a la vuelta de la esquina.

www.uniformesyvestuariolaboral.com


lunes, 14 de marzo de 2016

Riesgo Ubicuo

En esta ocasión nos ocuparemos de diversos riesgos insidiosos –y emergentes- que encontramos en el campo y en la oficina: el glifosato y el tóner.
El tóner es el polvo negro de impresoras y copiadoras, formado por micro-partículas cuya nocividad es mayor cuanto menor es el tamaño. Las partículas de tóner tienen una granulometría (diámetro) que oscila entre 10 y 20 micras (son muy inhalables).  Ejercen efectos irritantes y sensibilizantes sobre las vías respiratorias: estornudos, tos crónica, irritaciones en la piel y ojos e, incluso, dolores de cabeza. La FDS (Ficha de Datos de Seguridad) de este compuesto peligroso hace constar que la IARC (Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer) considera el negro de humo, componente del tóner, como carcinógeno del grupo 2B para humanos. Estudios específicos han demostrado que todas las máquinas liberan polvo de tóner a la atmósfera de la oficina. Dichas emisiones son más importantes en cartuchos nuevos y con mayores densidades de cobertura del tóner.
El glifosato tiene unos ‘apellidos’ bien explícitos: es un Disruptor Endocrino (D. E.) y un Compuesto Orgánico Persistente (C. O. P.). No en vano es conocido en muchos círculos como el ‘herbicida total’. Sin duda, mata plagas, pero como todo ‘biocida’ tiene el efecto colateral de afectar también a la vida de las personas y del ecosistema.
La evidencia es que el glifosato muestra resistencia a la biodegradación. La persistencia en el medio natural lleva a la sustancia a pasar a las aguas y los acuíferos. Antes de degradarse, también se ha oxidado en el aire de la atmósfera, contaminándola. Como apunte final, sólo resta señalar que un disruptor endocrino actúa como un ‘terrorista hormonal’, pues tiene la capacidad química de alterar el equilibrio hormonal, pudiendo provocar diferentes efectos adversos sobre la salud de las personas o de sus descendientes. Estamos, pues, ante un problema no sólo de salud laboral (trabajadores agrícolas), sino del conjunto de la población dado el alcance del riesgo.
Y las malas noticias no se acaban ahí. Sobre toda la población laboral pesa la losa de la astenia (cansancio-agotamiento), otro síndrome emergente provocado por el estrés, la mala calidad del sueño y el trabajar mucho. Así lo refleja el Estudio Vytal, conducido por la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), que concluye que el 73% de los españoles dice sentir con frecuencia falta de vitalidad y energía (astenia).
El trabajo –cualquiera que sea y donde sea- tiene una connotación por defecto, la del riesgo, un riesgo que es multi-forme y ubicuo.
Fuente: http://www.proteccion-laboral.com/pl84/